Dos centenares aficionados lusos se reunieron en el madrileño restaurante Frangus para vivir la histórica victoria de su selección en la Eurocopa. De la tensión del partido se pasó a la euforia del triunfo con el gol de Éder. Abrazos, besos, cánticos y mucha alegría fueron el cierre perfecto a una noche para la historia de Portugal.
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