Imagino el futuro. Vislumbro el salón de mi casa. Dos sillones largos y cómodos, y uno individual o tal vez para dos personas. Ése será el mío. A mis ya pesados 60 ó 70 años, todavía tendré energías y gusto por algunas pocas cosas en la vida, entre ellas mis hijos y nietos, y mi amado Real Madrid.Los sillones están abarrotados por pequeños futboleros que buscan escuchar de su
abuelo historias como las que yo escuché de mi padre: historias que me motivaran a creer que el camino más rápido a la felicidad, o a olvidarte de todos tus problemas, está en un rectángulo de 100x60 y sus alrededores..
Me miran y me piden la misma historia de siempre. Sonrío. No hay cómo decirle que no a éstos niños. Empiezo..
Hace varias décadas, jugaba en los campos de Inglaterra un hombre alto y fuerte, que era capaz de hacer que el Teatro de los Sueños viviera fantasías irreales cada fin de semana. Goles de todo tipo, galopadas infernales que dejaban atrás hasta a un rayo, fintas que sólo él era capaz de hacer. Lo que el mundo del futbol le exigiera, el lo cumplía y con creces.
Ganó todo lo que pudo, pero como buen hombre de futbol, su éxito no era rotundo. Le faltaba ese "algo"que diferencía a los simples mortales de las leyendas. Que distingue a los mejores, de los inmortales. Que pone en punto y aparte a los destacados, de los admirables. Y él lo sabía.
Por eso, cuando en el verano de 2009 tuvo su segunda oportunidad para fichar por el Real Madrid, no lo pensó dos veces. No le importó que se le fuera a presionar por el precio, ni por el entorno, ni por nada. A él sólo le importaba llegar y hacer historia, volverse una leyenda. Un inmortal. Un admirable.
Cristiano Ronaldo era su nombre... (Veo a mis invitados sonreír en sintonía, mientras sienten como se les pone la piel de gallina por lo que viene).
El calendario marcaba 6 de Julio del 2009. Era un día distinto en Madrid. La gente iba a abarrotar el Estadio Santiago Bernabéu con la única esperanza de ver, aunque fuera a varios metros de distancia, a su nuevo ídolo. Lleno como nunca antes para una presentación, el Bernabéu lucía sus mejores galas. Estoy seguro de que incluso Don Santiago vestía su mejor traje ese día. Todos esperaban ansiosos la salida del mega crack portugués, hasta que salió el Presidente Florentino. Tras algunas palabras, se hizo un silencio imperial, y de ahí la algarabía creció poco a poco...
E inició el amor. Ese mismo día, con un "Hala Madrid!" que retumbó hasta Tahití, Cristiano empezó a meterse en el corazón del Madridismo. Tras una primera temporada difícil, con varios fracasos y una lesión importante, Ronaldo se las ingeniaba para ser el segundo máximo goleador del equipo, sólo detrás de Higuaín. Todos sabíamos que el hombre tenía algo grande e importante en sus botas, pero también ya eran algunos los que se atrevían a cuestionarlo. Qué equivocados estaban...
Un nuevo año, y un personaje clave. Llegaba al Madrid José Mourinho, ganador de la última Champions League en el mismísimo Chamartín. Hombre de ideas fuertes, enormes huevos y pasión inquebrantable. Además, dotado de una inteligencia extraordinaria. Inteligencia que llevó al talento de CR7 a niveles insospechados.
Con un planteamiento hecho para el lucimiento de Cristiano, el Madrid empezó a cosechar goles por racimos y halagos por doquier. Un juego rápido, vertiginoso y contundente a más no poder. Tal como el portugués. Pero claro, no todo es color de rosa. Ronaldo fue fuertemente criticado por no marcar ante el odiado rival, el Barça. Se decía que en los partidos grandes, el se hacía pequeño. Ja.Llegaría su oportunidad de callar bocas. Mestalla. Final de la Copa del Rey. Tiempos extras, y un cabezazo extraordinario a contrapié de Pinto que dejaba sin oportunidad al cuadro catalán. Primer título enfundado en la túnica sagrada, y con él como héroe. Los festejos no se hicieron esperar, ni los cumplidos al portugués. Terminó la temporada como Pichichi, anotando más de un gol por juego. La temporada terminó sin más títulos, por historias para otro día.
Iniciaba un nuevo ciclo bajo el mando de Mou. Cristiano llegaba confiado y motivado de que se podía cambiar la historia reciente del club. Y así lo demostró, anotando a diestra y siniestra. No importaba si era en Liga, Europa, o Copa, el 7 estaba siempre presente. Incluso, inició una racha anotadora en clásicos consecutivos que llegaría a 6. Pero su momento cumbre llegó en Abril del 2012.
El Madrid llegaba al Camp Nou con sólo 4 puntos de ventaja sobre los de Pep (habiendo estado a 10). Khedira adelantaba a los nuestros al arranque, pero Alexis llegaría a empatar el juego en el segundo tiempo. Corría el minuto 72, cuando CR7 recibió un pase en profundidad, se abrió ángulo, y venció a Valdés. La Liga 32 al bolsillo de nuevo, y Ronaldo otra vez como héroe. Al final, 100 puntos y 121 goles para la mejor Liga de la historia, y el portugués recibiendo todos los halagos de la prensa mundial y de los mismos hinchas del Madrid. Ahora, escuchaba su nombre coreado en cada partido, tras cada gol.La temporada siguiente, tras llegar a semifinales de la Eurocopa con Portugal, empezó bien para el 7. Otro título ante el Barça y otra vez con gol suyo, ahora fue la Supercopa de España. De ahí, una temporada que en conjunto fue gris, pero el único punto blanco que se mantuvo así siempre fue Cristiano. Lo que quería, lo hacía.
Al terminar el proyecto de Mou, llegó Carlo Ancelotti, y la máquina de Madeira no paró. En algún punto de ésa temporada, él solo (24) llevaba más goles que la dupla Cavani-Ibra (23), y Messi-Neymar (18). En el mismo punto, y tomando en cuenta su carrera como Madridista, llevaba 224 goles en 216 partidos oficiales. Números estratosféricos para un jugador que podría venir de la mismísima Andromeda y a nadie le extrañaría. Era el rey del Bernabéu, el comandante del Madrid, el héroe del Madridismo.
Un jugador que siempre se vio envuelto en polémica, pero todas lo hacían más fuerte. Que si le robaban Balones de Oro, que si el Presidente de la FIFA lo imitaba en pláticas universitarias y lo llamaba "comandante", que si lo llamaban "chulo", "prepotente", o "ese portugués", Cristiano siempre salía reforzado. Llegaba el siguiente partido, metía cuatro y los dedicaba a sus detractores. Siempre grande.Nos enseñó que no se necesita besar el escudo 500 veces para ser identificado como Madridista, si no que se necesita morir en el campo. Nos enseñó que no hay presión ni ofensa que alcance para destruirte cuando confías en ti mismo y trabajas para cumplir tus expectativas. Nos enseñó que no se trata de dejar que te golpeen, se trata de contestar de manera sutil y elegante, además de con muchos goles.
Así que, amados hijos y nietos, la vida no se trata de pretender ser lo que no eres, ni de conseguir todo por regalo. Se trata de apreciarte, entrenarte, y llevarte a los límites insospechados por los simples mortales. La hipocresía y la doble moral existe para los envidiosos, y los que no saben a donde llevan su vida. Ustedes sean auténticos, nobles, y de buen corazón. Y goleen a todo rival que se les cruce en el camino..
Así como hace varias décadas hacía Don Cristiano Ronaldo.
Bendita locura es ser del Real Madrid, no?
@HalaDecima
Vivimos por ti, vence por nosotros.
Nenhum comentário:
Postar um comentário